Imaginémonos dos balanzas, una de las cuales contiene un gramo y la otra una tonelada; es como si en una estuviera el "yo" y en la otra el "nosotros" del Estado único. Consentir al "yo" cualquier derecho frente al Estado único sería lo mismo que mantener el criterio de que un gramo puede equivaler a una tonelada. De ello se llega a la siguiente conclusión: la tonelada tiene derechos y el gramo deberes, y el único camino de la nada a la magnitud es: olvidar que sólo eres un gramo y sentirte como una millonésima parte de la tonelada.
fragmento de la anotación número 20
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